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05 Mar

Colitis ulcerosa: una patología crónica e inflamatoria

Si has llegado hasta aquí tal vez es porque tú o un ser querido tuyo padece de colitis ulcerosa.

Lograr una mayor comprensión de esta patología te permitirá estar mejor preparado para hacerle frente y disfrutar de una vida plena. 

Qué es

Se trata de una enfermedad crónica que afecta al intestino grueso, parte del aparato digestivo conocida popularmente como colon. Ocurre cuando su revestimiento se inflama. Esto a su vez, contribuye a la aparición de llagas y úlceras que se infectan y producen pus y mucosidad. Por lo tanto, la inflamación, en combinación con la ulceración, da como resultado frecuentes molestias abdominales y evacuaciones frecuentes.

Esta colitis se produce debido a una reacción anormal del sistema inmune. Como probablemente sepas, este conjunto de células y proteínas se encarga generalmente de proteger al organismo de las infecciones. Sin embargo, por razones desconocidas, confunde los productos comestibles, las bacterias benéficas y otros materiales inofensivos con agentes extraños o incluso con invasores, es entonces cuando se produce el daño intestinal.

El cuerpo ejecuta su “defensa a ciegas” asignando glóbulos blancos para que actúen contra el revestimiento del intestino grueso. Cuando dicho fenómeno se repite una y otra vez, termina por inflamarse y ulcerarse.

Llegado a este punto es necesario comprender la diferencia que hay entre la enfermedad de la que estamos hablando y la de Crohn. Mientras que la primera afecta exclusivamente al colon, la segunda puede presentarse en cualquier zona del tracto gastrointestinal. Otro factor que las distingue es que la enfermedad de Chron puede perjudicar cada una de las capas que conforman las paredes del intestino grueso. En cambio, la manifestación de la colitis que nos atañe solo produce el deterioro en el revestimiento del colon.

Ahora bien, como ambos padecimientos son considerados enfermedades inflamatorias del intestino, podría llegar a confundirse con el síndrome del intestino irritable. Pero este trastorno tiene que ver con las contracciones musculares del colon, no con el revestimiento del mismo.

Síntomas

Los síntomas de la colitis ulcerativa aparecen y desaparecen de forma intermitente y sin previo aviso. Pueden transcurrir meses o hasta años entre un brote y el siguiente. Si experimentas alguno de ellos, acude al médico lo antes posible:

  • Deposiciones líquidas acompañadas de sangre y moco que llegan a prolongarse por varias semanas.
  • Dolor abdominal que varía en intensidad, dependiendo del paciente y del avance de la enfermedad. En la mayoría de los casos se trata de una ligera molestia. En circunstancias extremas, no obstante, las movimientos intestinales pueden ser particularmente dolorosos e incluir calambres abdominales.
  • Sensación de estreñimiento a causa del tenesmo, un deseo constante de defecar aun cuando el intestino ya se ha vaciado. Por lo tanto, el paciente realizará un esfuerzo poco fructífero, tal vez con algo de dolor, al realizar sus necesidades fisiológicas. Los cólicos también son una manifestación común del tenesmo.
  • Aumento de la temperatura corporal (fiebre) hasta los treinta y nueve grados centígrados.
  • Taquicardia, es decir, el aumento en la aceleración de la frecuencia cardíaca hasta superar los cien latidos por minuto en reposo.
  • Pérdida de apetito.
  • Disminución de peso.

Síntomas extraintestinales

Ya hemos dicho que la colitis ulcerosa se caracteriza por ser autoinmune, es decir, por tener su origen en una grave desviación en el comportamiento del sistema inmunitario. Lamentablemente, las enfermedades de esta clase no restringen el daño a una parte del cuerpo en particular. Se estima que entre el 6 y el 47% ciento de las complicaciones se extienden más allá del colon. Las principales reacciones inflamatorias secundarias son:

  • Aftas: úlceras o llagas blancas o amarillas y de contorno color rojo. Son dolorosas al contacto.
  • Iritis: hinchazón del iris del ojo.
  • Epiescleritis: inflamación de la esclera (la parte blanca del ojo), que ocasiona lagrimeo, ardor y cierta intolerancia a la luz.
  • Artritis seronegativa: daño en las articulaciones de las extremidades.
  • Espondilitis anquilosante: tipo de artritis que incide en las articulaciones y los huesos de la parte inferior de la columna, justo donde se encuentran con la pelvis.
  • Sacroiliitis: la articulación que une los huesos sacro e ilion de la pelvis puede dañarse a consecuencia de esta variante de la artritis.
  • Eritema nodoso: lesiones en la piel localizadas principalmente en zonas     anteriores de las piernas. Se caracterizan por tener una coloración rojiza y presentar inflamación.
  • Pioderma gangrenoso: úlcera que aparece generalmente en las extremidades inferiores y alcanza un diámetro de hasta veinte centímetros y una profundidad considerable.
  • Trombosis venosa profunda: coágulo sanguíneo que tiende a formarse en las venas más profundas de las piernas y los muslos. De no atenderse oportunamente, puede desencadenar en una embolia pulmonar, un evento potencialmente mortal que acontece cuando el coágulo alcanza el pulmón.
  • Anemia hemolítica inmunitaria: los glóbulos rojos son destruidos por los propios anticuerpos del sistema inmune. Esto puede conducir a la anemia.
  • Acropaquia: se hace evidente cuando la parte superior de los dedos de manos y pies se deforma debido al engrosamiento del tejido debajo de las uñas.
  • Colangitis esclerosante primaria: es la inflamación gradual y progresiva de las vías biliares. Este problema de salud puede ocasionar fatiga, dolor abdominal, cambio en el color de la piel, retención de líquidos, osteoporosis y sangrado del esófago, entre otros males.

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Tipos

Como puedes ver las manifestaciones de la colitis ulcerativa son diversas. Esto sucede porque las complicaciones dependen, en buena medida, de lo poco o mucho que se haya extendido. Por esa razón, los profesionales de la salud manejan distintas modalidades de esta enfermedad. Descubre cuáles son y los síntomas que vienen con cada una:

Proctitis ulcerosa

La tercera parte de los pacientes diagnosticados comienzan con esta forma de colitis. Se caracteriza por una inflamación que se circunscribe a una parte del recto. Cuando se detecta en esta etapa temprana, los síntomas son menores y las probabilidades de controlar la enfermedad recurriendo a una medicación adecuada son altas.

Proctosigmoiditis

En esta fase de desarrollo la enfermedad ha invadido el recto por completo y se ha extendido hasta el colon sigmiode, parte del intestino grueso adyacente al recto. Los síntomas son más severos que en la proctitis ulcerosa e incluyen diarrea acompañada de sangre, calambre abdominal, dolor en la parte baja izquierda del abdomen y tenesmo.

Colitis distal

Siguiendo la progresión de la enfermedad, otra variante identificada de la colitis es la distal. Abarca el recto, el colon sigmoide y alcanza el ángulo del colon, conocido como flexura esplénica. Por razones obvias, también se le llama colitis del lado izquierdo. Quienes la sufren, se quejan de fuerte dolor en la parte izquierda del abdomen, hemorragias al evacuar, diarrea crónica, pérdida de apetito y disminución de peso.

Pancolitis

Es el diagnóstico de aquellos pacientes cuyo revestimiento del colon ha sido completamente afectado. Es la forma más severa de la colitis autoinmune y puede acarrear serias complicaciones como pérdida acelerada de peso, hemorragia masiva y una dilatación aguda del colon capaz de producir una perforación del intestino.

Sus causas

A pesar de los logros alcanzados en la investigación y detección de la colitis autoinmune, los especialistas no tienen del todo claro cuáles son las causas específicas que contribuyen a su aparición. No obstante, los estudios apuntan hacia tres disparadores que se conjugan entre sí: el historial familiar (causas genéticas), las mencionadas anomalías en el funcionamiento del sistema inmune y la influencia del medio ambiente.

La evidencia parece apuntar a que, en primera instancia, ciertas sustancias presentes en el ambiente son las responsables de estimular una reacción defensiva en el cuerpo. El problema comienza cuando, por alguna razón no especificada, el sistema inmunitario es incapaz de detenerse cuando la amenaza ha sido neutralizada y la desmesurada actuación del organismo termina por afectar al colon y otras partes del organismo.

Un estudio patrocinado por la Crohn's & Colitis Foundation ha dado más luz sobre las causas de la colitis ulcerativa. Al parecer, comienza a instancias de una infección bacteriana o viral del colon. La inflamación sería la respuesta natural del cuerpo a la invasión y debería ceder gradualmente, a medida que el paciente recupere la salud. Sin embargo, en algunos individuos la inflamación persiste aunque los anticuerpos ya hayan completado su labor.

Tampoco se puede descartar la relación que existe entre este padecimiento y la herencia. Pese a que no se ha identificado algo concreto, como un gen causante de la enfermedad, las pruebas hablan por sí solas. Nada menos que el veinte por ciento de la gente diagnosticada con colitis ulcerosa tiene un pariente cercano con la misma afección. Esta cifra podría ser mucho mayor si tenemos en cuenta que no todos los pacientes acuden al médico y que muchos de ellos pueden recibir un diagnóstico erróneo.

Otro dato revelador que respalda la participación de los genes es que la incidencia de esta forma de colitis es mayor en los individuos caucásicos (de raza blanca) de origen europeo y en los de ascendencia judía.

Por último, resulta interesante que los principales candidatos a desarrollar este padecimiento tienen un promedio de treinta años. A esta edad, la colitis ulcerativa no discrimina géneros, dado que afecta a hombres y mujeres en proporciones similares. Pero, a medida que envejecen, las probabilidades aumentan para los hombres y se reducen para las mujeres.

Diagnóstico

Para poder determinar si un paciente padece de una enfermedad de tipo autoinmune en el colon, el médico hará un diagnóstico basándose en los antecedentes familiares, la inspección física y una serie de estudios. Una correcta evaluación permitirá descartar que los síntomas sean el resultado de alguna infección o patología intestinal distinta a la colitis ulcerosa.

Tras las valoraciones iniciales, el doctor procederá a realizar pruebas endoscópicas. Una de ellas es la sigmoidoscopia. Consiste en introducir una sonda que tiene una cámara en su extremo para examinar el estado del colon sigmoide y del recto. De ser necesario, el experto introducirá un instrumento por el sigmoidoscopio para tomar una muestra de tejido, una técnica denominada biopsia.

Si hubiera motivos para hacerlo, el gastroenterólogo podría proceder a realizar una colonoscopia, un procedimiento similar al antes mencionado con la diferencia de que el colonoscopio es una sonda con mayor alcance que la anterior y permite examinar todo el interior del intestino grueso y extraer tejido de cualquier parte que lo requiera.

Al momento de realizar la endoscopia del intestino grueso, el médico podría aprovechar para detectar la presencia de pólipos o elementos cancerosos. Para ello tal vez recurra a la cromoendoscopia, un método en el que se hace uso de un colorante color azul que facilita la detección de anomalías en el revestimiento del colon. Posterior a dicho procedimiento, las evacuaciones del individuo examinado podrían adquirir una tonalidad azul durante un breve lapso de tiempo.

No importa a qué valoración endoscópica recurra el especialista, las técnicas e instrumentos modernos permiten realizar pruebas mínimamente invasivas, lo que se traduce en menos incomodidad y molestia para el paciente y resultados satisfactorios para el doctor.

El examen preliminar no solo sirve para definir si se padece de colitis ulcerativa, también tiene el objetivo de establecer si esta corresponde a una proctitis ulcerosa, proctosigmoiditis, colitis distal o pancolitis.

Un diagnóstico acertado además puede implicar el análisis en laboratorio de distintos elementos. Uno de ellos es el estudio de los tejidos biopsiados en la endoscopia a fin de encontrar pruebas más concluyentes de la enfermedad. La sangre también suele ser examinada para descubrir si el sujeto tiene una infección o ha desarrollado anemia debido a sangrado en el recto o el colon.

Otro examen común es el de las heces. Su objetivo es determinar si las afecciones tienen su origen en una patología viral, bacteriana o parasitaria, o si efectivamente se deben a una inflamación por un mal funcionamiento de las defensas del organismo.

Tratamiento

Si con el diagnóstico es posible asegurar que padeces de colitis ulcerosa, deberás comenzar un tratamiento cuanto antes. Para atacar al problema de raíz, se debe atender la principal fuente de la enfermedad, o al menos, la más evidente al día de hoy: el descontrol existente en el sistema inmune. 

Es verdad que, actualmente, no existe una cura definitiva para esta enfermedad. Además, puede resurgir en cualquier momento, sin que se pueda hacer mucho para evitarlo. Pero hay algo que sí puedes lograr si llevas a cabo un tratamiento efectivo: controlar el avance de la enfermedad y disminuir la intensidad de los síntomas y las complicaciones derivadas.

Como el diagnóstico y la enfermedad misma, el tratamiento es multifacético. Lo anterior significa que la colitis ulcerativa puede atacarse desde varios frentes de forma prácticamente simultánea. La terapia comprende la prescripción de medicamentos, el diseño de un adecuado plan nutricional y posiblemente una intervención quirúrgica.

Medicación

Los medicamentos cumplen con varias funciones: desinflaman el recto y el intestino grueso, favorecen la regeneración de los tejidos dañados, curan la diarrea, detienen el sangrado y disipan el dolor abdominal. 

La prescripción de los fármacos apropiados contribuirá a que la enfermedad entre en etapa de remisión, lo que significa que el daño se detiene e incluso se revierte. Y si bien sigue latente la posibilidad de que los síntomas reaparezcan, los brotes suelen tener un período de duración menor. Conoce cuáles son los medicamentos más comunes:

  • Aminosalicilatos (5-ASA). Los fármacos que contienen este compuesto han demostrado su efectividad en la reducción de la inflamación del colon y la prevención de recaídas cuando la patología se encuentra en etapa de proctitis ulcerosa.
  • Corticosteroides. La administración de tres distintos esteroides, ya sea por vía rectal u oral, ha demostrado su eficacia. La prednisona y la metilprednisolona restringen el accionar del sistema inmune. Por su parte, la budesonida se emplea para tratar la inflamación localizada.
  • Inmunomoduladores. Cuando los corticosteroides y los aminosalicilatos no producen los resultados esperados, entonces el doctor puede prescribir inmunomoduladores. Al igual que los anteriores, regulan la respuesta de las defensas del cuerpo.
  • Antibióticos. La colitis ulcerosa puede ocasionar infecciones bacterianas en la zona afectada. Las más frecuentes son la fístula (abertura entre la piel y el ano) y el absceso anal (cavidad llena de pus que se forma cerca del ano o del recto). Para tratar estas enfermedades, conviene la administración de antibióticos como ampicilina, ciprofloxacina y metronidazol.
  • Terapia biológica. Es el último recurso para hacer frente con fármacos a las formas más graves de la enfermedad, es decir, la colitis distal y la pancolitis. Se le conoce como terapia biológica porque contiene organismos vivos que actúan como anticuerpos inhibidores del proceso inflamatorio.

Cirugía

Los síntomas o complicaciones del 25 al 30% de los pacientes no se resuelven con la medicación. Es entonces cuando se recurre a una cirugía conocida como colectomía. Implica la extirpación del colon y la colocación de un dispositivo que recoge los desechos.

Cómo influye la alimentación

Llevar una buena alimentación puede reducir considerablemente la inflamación del colon. Al mismo tiempo, la ingesta de cantidades adecuadas de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua promueve la pronta recuperación de trastornos implícitos a la enfermedad como la pérdida de apetito, la fatiga o la diarrea. 

Y es que en una patología inflamatoria del aparato digestivo, como la que hoy nos ocupa, el tipo de alimentación que lleve la persona influye directamente en el desarrollo de la misma. Existe una afección llamada inflamación alimentaria que puede afectar notablemente a la colitis ulcerosa , al igual que lo hace con otras enfermedades, y que de no tratarse puede hacer que esta última empeore. Afortunadamente “estar inflamado” es algo relativamente normal que sucede, entre otras, a causa de abusar de determinados alimentos. El Test de Inflamación Alimentaria Biomarkers es el único del mercado capaz de diagnosticarla y tratarla. Para ello basta con acudir a uno de los centros prescriptores disponibles y a través de una pequeña muestra de sangre que se recoge con una pequeña función en el dedo, el laboratorio analiza qué grupos de alimentos están provocando esa inflamación. ¿Y esto qué permite? Encontrar el perfil alimentario ideal del paciente sin necesidad de excluir permanentemente ningún alimento de la dieta, pues estos se van reincorporando progresivamente para que la persona vuelva a aceptarlos con normalidad.

Ahora que ya conoces más sobre la colitis ulcerativa estás listo para hacerle frente.

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