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27 Abr

Espondilitis anquilosante

La espondilitis anquilosante se reconoce habitualmente por sus manifestaciones físicas.

Sin embargo, no debemos olvidar que los síntomas asociados a esta dolencia también pueden crearnos problemas en el plano psicológico. Hablamos de ansiedad, depresión, incluso de trastornos del sueño. No en vano cerca de un setenta por ciento de los pacientes que sufren la enfermedad presentan estos desórdenes. Por eso es importante conocer un poco más acerca de ella, en qué consiste, cuál es su diagnóstico y la influencia de la alimentación y el ejercicio para mejorar nuestra calidad de vida. En manos de un buen especialista sabremos afrontar mejor esta patología.

Qué es la espondilitis anquilosante

La espondilitis es un tipo de artritis que se presenta en la parte alta de la espalda. Con la inflamación de las articulaciones y los ligamentos de la columna vertebral, el paciente pierde movilidad, llegando a padecer dolores y rigidez en la zona cervical. Esta afección puede extenderse a otras zonas del cuerpo como la cavidad torácica. Debido a su naturaleza crónica e invalidante, en el peor de los supuestos, necesita de un diagnóstico temprano y un tratamiento eficaz para aliviar sus efectos a largo plazo.
La gravedad de los síntomas varía según la edad y el sexo de los pacientes. Suele aparecer entre los veinte y los cuarenta años y es más común en los hombres que en las mujeres. La espondilitis también se desarrolla en las primeras etapas de la infancia. En este caso, la afección progresa de los talones o las rodillas a la columna. Pero cuáles son las causas que determinan su aparición, ¿obedece a razones médicas o a factores genéticos? 

Causas de la espondilitis anquilosante

El motivo por el que se padece la espondilitis se desconoce hasta ahora. Los científicos aseguran que su aparición se debe en gran medida a la herencia genética, siendo el gen HLA-B27, implicado en otras patologías como la enfermedad de Crohn, uno de los principales causantes. Alrededor de un noventa por ciento de los pacientes con este gen ha desarrollado espondilitis, por lo que se cree que es uno de los factores decisivos. Pero no todos los portadores padecen esta afección. Esto ha llevado a pensar que la causa puede residir en algunas bacterias del intestino, aunque se desconozca su naturaleza y el motivo por el que surge la inflamación. A causa de ello no existe un antibiótico eficaz que permita erradicar estos microorganismos y evitar su crecimiento.

Síntomas

Al igual que otras dolencias vinculadas a la inflamación de las articulaciones, la espondilitis anquilosante alterna períodos de gran intensidad, conocidos como brotes, con otros de menor actividad en los que el paciente puede desempeñar su vida normalmente. Los síntomas más tempranos se traducen en dolores y pérdida de movilidad en la zona lumbar, es decir, en la parte baja de la espalda. Suelen presentarse en las horas nocturnas, empeorando con la inactividad o los períodos de descanso, por lo que es muy recomendable el ejercicio físico.

espondilitis-anquilosante-sintomas 

La espondilitis es sistémica, es decir, puede afectar a otros órganos. Nos referimos en este caso a la inflamación ocular o uveítis, otro de los síntomas característicos de esta enfermedad. La uveítis provoca dolor, enrojecimiento, sensibilidad a la luz o visión borrosa. El malestar es recurrente y puede prolongarse durante semanas. En caso de que sea así es urgente acudir a un oftalmólogo para prevenir los posibles daños. La espondilitis también puede involucrar al intestino, causando inflamación, fiebre, cansancio, y en algunas ocasiones, anemia, con la consiguiente pérdida de peso
Como ya hemos mencionado la espondilitis puede progresar en la parte superior de la espalda, afectando a las cervicales y a la cavidad torácica. Incluso puede provocar la fusión de las vértebras. Esto causaría una excesiva rigidez en la columna, limitando a menudo la capacidad pulmonar. 

Diagnóstico

Para evitar el desarrollo de la espondilitis es fundamental acudir a un reumatólogo. Ante la primera sospecha de padecerla un diagnóstico temprano de la enfermedad nos ahorrará muchos problemas tanto físicos como psicológicos. Para ello, el especialista suele realizar diversas pruebas, desde radiografías de la zona hasta análisis de orina y sangre para detectar la presencia del gen HLA-B27. Esto servirá para dirimir la existencia de la espondilitis y obtener un tratamiento adecuado al proceso inflamatorio. 
Una vez diagnosticada la enfermedad, se aconseja al paciente una serie de pautas para asegurar una mejor calidad de vida, como evitar las malas posturas, no coger demasiado peso o no permanecer mucho tiempo sentado o en posición horizontal. Los especialistas también recomiendan no abusar del tabaco para impedir los problemas asociados a la función respiratoria. 

Tratamiento

Los tratamientos, dependiendo de la gravedad de la espondilitis, varían en grado y medida. Normalmente están orientados a reducir los dolores y la rigidez de las articulaciones en base a prevenir posibles deformaciones. Para aliviar el dolor y la inflamación es recomendable el uso de los antiinflamatorios que aseguran el descanso nocturno y el ejercicio de las actividades diarias con normalidad. Otro de los tratamientos recomendados es la rehabilitación con ejercicios que fortalezcan la espalda, como los aeróbicos o la natación. El objetivo es evitar la rigidez invalidante y conservar el movimiento de cuello y columna. 
Si el dolor es severo, se aconsejan las duchas de agua caliente para relajar las articulaciones y los músculos. De este modo, podremos realizar los ejercicios recomendados por nuestro reumatólogo. Si la gravedad es extrema, la última opción es la intervención quirúrgica. La cirugía de cadera y rodilla ha obtenido un gran porcentaje de éxito en los pacientes afectados por la espondilitis. 

La influencia de la alimentación

Si el ejercicio es importante para mejorar nuestra flexibilidad, la alimentación es otro factor que no debemos desatender en nuestro proceso de recuperación. En el caso de la espondilitis es recomendable seguir una dieta o bien tomar alimentos con antioxidantes y ricos en ácidos grasos omega 3 (el pescado azul, por ejemplo) para reducir la inflamación de las articulaciones. También son aconsejables los que contienen calcio, ya que ayudan a reforzar los huesos.

Sin embargo, existen alimentos que por la sensibilidad del organismo del paciente, pueden provocar inflamación alimentaria. Esta se produce por haber superado el nivel de aceptación de algunos grupos alimentarios y puede cursar de muy diferentes maneras afectando incluso a patologías que el paciente ya sufra, como es el caso de la espondilitis anquilosante. Para identificar el problema y establecer una dieta que permita volver a integrarlos de nuevo en nuestros hábitos alimenticios nada mejor que el Test de Inflamación Alimentaria Biomarkers. Mediante esta sencilla prueba es posible diagnosticar el origen de esa sensibilidad alimentaria para curarla a través de la propia dieta evitando, en primer lugar que afecte a las enfermedades que ya sufrimos, y en segundo lugar evitando que aparezcan otros síntomas añadidos como problemas digestivos o dolores de cabeza.

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