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04 Abr

Fibromialgia: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

Estamos seguros de que has escuchado la palabra fibromialgia cientos de veces pero, ¿sabes en qué consiste esta patología? Hoy te lo contamos.

De la complejidad de esta enfermedad da testimonio el propio origen etimológico de la palabra, un vocablo híbrido que proviene del latín y del griego. En efecto, fibra proviene del latín y significa fibra, mio proviene del griego y hace referencia a los músculos y algia, también de origen griego, significa dolor. Por tanto, en la misma palabra se reflejan las principales características de esta enfermedad que se caracteriza por un dolor generalizado y crónico de las fibras musculares. En realidad, son muchos los que hablan de un síndrome, pues se trata de un conjunto de síntomas principales a los que se unen otros síntomas asociados como cansancio generalizado, problemas relacionados con la memoria, humor inestable o problemas de insomnio. Esta enfermedad o síndrome, según se prefiera denominar, afecta principalmente a las mujeres de edad comprendida entre los 35 y 60 años, aunque también se han diagnosticado algunos casos en hombres e incluso, en casos más aislados, en niños pequeños.

Las personas afectadas por esta enfermedad sienten un dolor crónico, especialmente localizado en algunas zonas sensibles que suelen responder con dolor frente a la presión. Pese a este dolor real y a que se trata de un conjunto de síntomas crónicos, se ha podido demostrar que las personas con fibromialgia no sufren ningún deterioro de esos músculos doloridos, por lo que en ningún caso se trata de una enfermedad con la que corra riesgo la vida del paciente ni se produzca ningún deterioro muscular. Este hecho, que en sí mismo es positivo, es también el motivo de que esta enfermedad no reciba en algunas ocasiones la consideración de tal, lo que ocasiona un sufrimiento adicional a las personas que padecen el conjunto de síntomas que la caracteriza. De hecho, muchas de las que la padecen pueden desarrollar otras enfermedades colaterales producidas por la angustia de sufrir ese dolor crónico muchas veces incomprendido. Así, los casos de ansiedad generalizada y los problemas de depresión aparecen frecuentemente en las personas afectadas por la fibromialgia.

Causas

A día de hoy no se tiene certeza absoluta sobre cuál es la causa de esta enfermedad. Sin embargo, los especialistas están cada vez más convencidos de su relación con alguna anomalía en el funcionamiento de los transmisores neuronales. Se ha podido comprobar que en muchos casos, las personas afectadas por fibromialgia tienen un nivel menor de algunos neurotransmisores, como la serotonina y la norepinefrina, lo que hace que su umbral de dolor sea muy bajo. Es decir, estas personas sienten un dolor amplificado en condiciones en las que las personas no afectadas no lo perciben.

También parece que la genética puede estar detrás de la aparición de la enfermedad, con lo que en algunos casos puede ser hereditaria. Otros estudios han demostrado que existe una mayor prevalencia de la enfermedad entre las personas obesas, las personas que han sufrido estrés postraumático o las personas que presentan algunos tipos de demencia. No obstante, estos son solo datos estadísticos y aún no se ha podido descubrir cuál es la exacta relación causa efecto que está detrás de esta enfermedad.

Las personas con enfermedades autoinmunes, como el lupus o la espondilitis anquilosante son también propensos a padecer los síntomas del síndrome fibromiálgico.

Principales síntomas

Los síntomas que presenta este síndrome son varios y difieren de una persona a otra, pero sin duda, el síntoma más característico es el dolor muscular crónico. Este dolor puede aparecer en diferentes puntos del cuerpo, aunque el cuello y los hombros son zonas que suelen estar afectadas. Se trata de un dolor que los pacientes describen como una especie de quemazón y que, en ocasiones, puede ser pulsátil y de intensidad muy diferente. En algunos casos también puede aparecer rigidez.

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Otro síntoma que suele estar presente en todas las personas afectadas es el cansancio crónico, casi con toda certeza provocado por ese continuo dolor que les produce angustia y agotamiento. Como ocurre con el síndrome de fatiga crónica, enfermedad con la que se puede llegar a confundir, también pueden aparecer otros síntomas asociados, como dolor de cabeza, dificultad para conciliar el sueño o sueño muy ligero o dolor de garganta. Son muchas las personas fibromiálgicas que indican que sí tienen la sensación de haber dormido bien, pero sin embargo se levantan de la cama con una gran sensación de cansancio, similar al que se produce con el síndrome de astenia crónica.

Los trastornos de ansiedad, la depresión y los cambios repentinos de ánimo son también muy característicos. En este caso, se trata de alteraciones del sistema nervioso central que también están relacionadas con ese padecimiento continuo que tienen que soportar a diario las personas fibromiálgicas. Asociado a este hecho, los enfermos también pueden referir falta de concentración y problemas relacionados con el sueño.

Además de estos síntomas principales, que aparecen en la mayor parte de los fibromiálgicos, también pueden presentarse otros síntomas en casos particulares. Estos pueden ser dolores de cabeza, migrañas y también problemas relacionados con el aparato digestivo, como intestino irritable o incontinencia urinaria. Estos síntomas son también característicos de otras enfermedades, lo que supone un problema añadido a la hora del diagnóstico de la fibromialgia.

Los síntomas de esta enfermedad producen en todos los casos efectos que empeoran la calidad de vida de los pacientes. No obstante, se ha podido demostrar que los enfermos no empeoran con el paso del tiempo, es decir no se trata de la típica enfermedad crónica que avanza hasta mermar la capacidad física del enfermo.

Diagnóstico

Uno de los principales problemas que tienen las personas fibromiálgicas es la dificultad del diagnóstico de esta enfermedad. Como se ha visto en el apartado anterior, los síntomas de este síndrome coinciden en muchos casos con los de otras enfermedades, al menos en parte, hecho que dificulta el diagnóstico.

Pero no solo es la coincidencia de síntomas lo que hace que el diagnóstico de esta enfermedad sea un proceso largo y difícil, sino que a ello se une el hecho de que las pruebas diagnósticas de imagen no identifican tampoco ninguna alteración en las zonas dolorosas. Esto es debido a que, pese al dolor, el aparato locomotor del cuerpo no se ve alterado en las personas fibromiálgicas. Tampoco otras pruebas tan reveladoras en otros casos como son los análisis de sangre demuestran ninguna anomalía que pueda asociarse con la existencia de esta patología.

Por ello, los médicos especialistas, generalmente reumatólogos, han desarrollado protocolos para poder concluir el diagnóstico. La coincidencia en síntomas con otras enfermedades hace que lo primero necesario a hacer sea descartar dichas afecciones, para lo que las pruebas de imagen, por ejemplo, sean efectivas. Una vez descartadas otras enfermedades, el diagnóstico está basado en un historial muy detallado del paciente, en el que han de aparecer episodios de dolor osteomuscular generalizado de más de tres meses de duración y algunos de los síntomas citados anteriormente, como dolores de cabeza, fatiga crónica o problemas digestivos.

Cuando el historial del paciente conduce a la posibilidad de que exista esta enfermedad, será la exploración física realizada por un médico especialista la que llevará a la conclusión final. En efecto, en la exploración física de las zonas de dolor del paciente, ha de haber dolor tras la presión y esto ha de ocurrir en al menos once puntos del cuerpo. También, los pacientes fibromiálgicos responden con un enrojecimiento de la piel más intenso ante la presión.

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Tratamiento

Si se tiene en cuenta que la fibromialgia incluye un conjunto de síntomas principales y un conjunto de síntomas secundarios, es fácil llegar a la conclusión de que no existe un tratamiento para este síndrome como tal, sino un conjunto de pautas, recomendaciones y medicamentos que se aplicarán según el caso particular.

De forma general se puede decir que los pacientes fibromiálgicos lo primero que tienen que hacer es asumir que la enfermedad que sufren no es peligrosa ni pone en riesgo su vida, pero sí la hace muy complicada. Por ello, la incorporación de rutinas saludables cotidianas influye muy positivamente en la forma de abordarla. Así, la incorporación de ejercicio físico diario o la práctica de técnicas de relajación es una recomendación general para todos los pacientes.

Después, según cada caso particular y la intensidad del dolor, se utilizarán unos tratamientos u otros. Es preciso tener en cuenta que algunas personas tienen síntomas muy leves y no necesitan ningún tratamiento específico, sino más bien modificar su estilo de vida. Sin embargo, si los puntos dolorosos están muy identificados y son muy intensos, la acupuntura se ha mostrado muy eficaz en muchos casos. También, para casos más graves, los especialistas pueden recomendar terapias concretas aplicadas por especialistas.

Desde el punto de vista de la medicación, los fármacos que se utilizarán dependerán de los síntomas del paciente. Desde luego, cuando el dolor muscular es muy intenso, los analgésicos, AINES y los relajantes musculares son recomendables. Si la persona tiene síntomas de depresión o trastornos de ansiedad, se pueden recomendar antidepresivos tricíclicos, benzodiacepinas o inhibidores de la serotonina. Si la persona padece migrañas, el especialista puede recomendarle el tratamiento más adecuado para ellas. Es decir, el médico especialista no tiene un tratamiento específico para el paciente fibromiálgico, sino que ha de estudiar detenidamente el caso particular de cada enfermo y proponerle el tratamiento que mejor se adapta a su caso así como hacer un seguimiento muy continuado del mismo.

Es preciso recordar que la fibromialgia es una enfermedad que no siempre tiene una buena consideración social y que los pacientes se sienten a veces desamparados en sus entornos más cercanos. En este contexto, la realización de actividades de relajación, la práctica de yoga, de mindfulness o de ejercicios de relajación, los estiramientos o la práctica de deporte son herramientas fundamentales para los enfermos. Por lo que respecta a la actividad física, se están realizando estudios para buscar el tipo de movimiento más adecuado para reducir dolores concretos y se están consiguiendo resultados muy esperanzadores. La alimentación adecuada es también clave a la hora de poder convivir mejor con esta enfermedad. Sin ninguna duda, estas actividades pueden llevar a mejorar la calidad de vida de los pacientes de forma muy notable.

También es preciso tener en cuenta que los estudios científicos continúan avanzando y que desde que los síntomas de este síndrome fueron aceptados por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad, a finales del siglo XX, se están produciendo continuos avances. De hecho, ya se comercializa algún medicamento específico para esta enfermedad, dirigido a pacientes con síntomas graves. Con ello, es de esperar que la ciencia siga avanzando y que la calidad de vida de estos pacientes continúe mejorando en los próximos años.

La fibromialgia y la alimentación

Si es importante cambiar los hábitos cotidianos de los pacientes fibromiálgicos, pocas cosas son tan cotidianas como la alimentación. Si esta es importante para todos los individuos, para los enfermos fibromiálgicos todavía lo es más. Es preciso tener en cuenta que estos enfermos necesitan prestar especial atención a la alimentación, pues pueden necesitar algunos complementos nutricionales, como calcio o algunas vitaminas.

Pero, además, se ha demostrado científicamente que algunos alimentos producen inflamación alimentaria en algunas personas. Es decir, existen pacientes con cierta sensibilidad a algún o algunos grupos de alimentos que experimentan procesos inflamatorios que se manifiestan de muchas maneras diferentes (problemas digestivos, dolores de cabeza, trastornos cutáneos, problemas de peso, etc.) y que pueden afectar a patologías que el paciente ya sufra como es el caso de la obesidad, el colon irritable, la tiroiditis de Hashimoto, la artritis reumatoide, la colitis ulcerosa o la fibromialgia, entre otras.

Sin ninguna duda, minimizar los efectos de la inflamación alimentaria es vital para los fibromiálgicos.

No se trata en ningún caso de eliminar alimentos de la dieta, sino de conocer el efecto que producen los diferentes grupos alimentarios en las personas afectadas y tratar de reintroducirlos poco a poco para eliminar ese efecto inflamatorio.

Hasta ahora, la mayor parte de los métodos utilizados para definir una dieta para personas con molestias se basaban en la identificación de la inmunoglobulina G frente a diferentes alimentos, para eliminar aquellos que producían unos valores determinados. Sin embargo, los nuevos enfoques científicos han demostrado que no se trata de eliminar alimentos, sino de consumirlos de forma adecuada para que no produzcan molestias a los pacientes que presenten sensibilidad.

Para ello, el Test de Inflamación Alimentaria Biomarkers identifica los valores de dos citoquinas inflamatorias (PAF y BAFF) frente a unos grupos de alimentos definidos, con lo que permite conocer la inflamación que producen en el organismo. A diferencia de otras pruebas, estos alimentos no se eliminan de la dieta, sino que se introducen de forma rotativa en una dieta definida.

El test se realiza de una forma muy sencilla, pues solo es preciso realizar una pequeña extracción de sangre del dedo que se lleva a cabo mediante una lanceta. Esta muestra de sangre es analizada en el laboratorio frente a los 6 principales grupos de alimentos y en función de los resultados, el paciente recibe un informe detallado de su perfil alimentario y de la dieta de rotación que ha de seguir.

Estas dietas semanales están establecidas de forma que durante varios días, los alimentos con efecto inflamatorio están excluidos, pero en otros días de la semana se pueden ingerir. De esta forma, poco a poco, el organismo del paciente se va adaptando de forma progresiva a los mismos y aceptándolos. Con ello, el efecto inflamatorio de los mismos se irá reduciendo y las molestias desaparecerán. ¡Todo ello sin haber eliminado ningún alimento de la dieta! Esto es así en todos los casos que se diagnostica inflamación alimentaria y el paciente no sufre de otros trastornos relacionados como intolerancia a la lactosa o al gluten (enfermedad celíaca) o alergia alimentaria.

Cualquier persona que desee realizarse el test puede hacerlo fácilmente, pues disponemos de un gran número de centros repartidos por todo el país.

Dado que el test es muy sencillo y nada invasivo cualquier persona que sufra molestias habituales o haya detectado que cuando consume determinados alimentos no se siente todo lo bien que debería puede realizarse la prueba con total tranquilidad. En el caso de los pacientes fibromiálgicos resulta especialmente recomendable pues muchos de los síntomas relacionados con la enfermedad pueden verse agravados en aquellos casos en los que esté presente también la inflamación alimentaria.

Conocer tu perfil alimentario ideal puede ayudarte a mejorar tu calidad de vida sin tener que renunciar a nada.

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