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hipertension arterial sintomas
20 Jun

Hipertensión arterial: síntomas

Seguro que has llegado hasta aquí buscado de la hipertensión arterial sus síntomas más habituales.

Y es que puede que tengas la sospecha de sufrir este problema de salud que, aunque silencioso, puede llegar a tornarse realmente grave. Por ello, aquí vamos, además, a contarte todo lo que debes saber sobre él, no sin antes recomendarte que te pongas en contacto con tu médico de cabecera. Solo él puede diagnosticar esta enfermedad. 

¿Qué es la hipertensión arterial?

La hipertensión arterial es, fundamentalmente, una enfermedad que se basa en la elevación continuada y sostenida de los niveles de presión dentro de tus arterias. 

Debes partir de la base de que tu corazón bombea la sangre con una determinada cantidad de potencia para que esta llegue a todos tus órganos y tejidos. Esto se traduce en que esas estructuras son sometidas a presión. Para que te hagas una idea, es lo mismo que sucede en la instalación de agua de un edificio. Hay un motor que bombea el líquido con una determinada fuerza para que pueda salir por los grifos de las plantas superiores. 

Por lo general, se considera que una persona padece hipertensión arterial cuando su presión sistólica se mantiene en valores sostenidos superiores a los 139 mmHg y la diastólica se eleva por encima, a la vez, de los 89 mmHg. Estos valores son muy fáciles de medir ya que, hoy en día, hay una gran variedad de dispositivos específicamente diseñados para ello. 

Hipertensión arterial síntomas

De la hipertensión arterial los síntomas son muy variados. Sin embargo, presentan el problema de que, en muchas ocasiones, no se manifiestan explícitamente y cuesta detectarlos. De hecho, la mitad de las personas que padecen esta enfermedad no lo saben. Este es el motivo por el que se recomienda realizar, una vez al mes, un examen que la determine a través de los dispositivos de los que hablamos anteriormente. 

Estos son de la hipertensión arterial los síntomas más habituales: 

  1. Dolor de cabeza: es el ocasionado por las cefaleas tensionales. El incremento de la presión arterial en un momento determinado puede dar lugar a la aparición de unas molestias muy características en las sienes. Cuando se manifiestan con asiduidad, suelen ser el principal detonante de su diagnóstico. 
  2. Visión borrosa: los pacientes con problemas de hipertensión manifiestan que, por lo general, ven peor. Esto se debe a que el ascenso en la presión arterial se manifiesta en los globos oculares al ser tejidos especialmente sensibles. 
  3. Mareos: este síntoma se presenta de manera muy ocasional. Por lo general, cuando una persona sufre una subida de tensión repentina más allá de lo normal, su cerebro puede llegar a desconectar y reiniciarse con el propósito de no dañar sus estructuras por culpa del exceso de presión. 
  4. Sangrado de la nariz: suele estar ligado a los mareos y son muy poco habituales. Sin embargo, conviene tenerlos en cuenta. El ascenso en la presión provoca que los pequeños capilares nasales se rompan y aparezca el sangrado. 
  5. Dificultad para respirar: tampoco acostumbra a ser un síntoma muy habitual y, además, es muy difícil de detectar. El exceso de presión hace que los pulmones se contraigan y cueste más obtener oxígeno. 
  6. Dolor en el pecho: este es uno de los síntomas más graves ya que puede ser el preludio de un accidente cardiovascular como, por ejemplo, un infarto de miocardio o una angina de pecho. Es provocado por la excesiva carga de trabajo del corazón. 
  7. Palpitaciones: como consecuencia de ese sobreesfuerzo, el corazón puede latir de forma más fuerte en determinadas ocasiones. Esto puede llegar a ser una grave molestia. 

El diagnóstico de la hipertensión arterial

El diagnóstico de la hipertensión arterial no podría ser más sencillo. En concreto, se basa en la medición de presión de las arterias mediante un tensiómetro manual o electrónico. Esta debe hacerse diariamente durante un mes para que pueda determinarse que los valores elevados son sostenidos y no consecuencia de un momento puntual. En algunos casos es recomendable también solicitar un 'holter' de la presión arterial. 

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Cuando el diagnóstico es positivo, el especialista solicita al paciente muestras de sangre y orina para proceder a realizar pruebas en el laboratorio. También debe someterse a un electrocardiograma con el propósito de comprobar el estado de la actividad de su corazón. Se recomienda que, a partir de los 40 años y, sobre todo, si existen antecedentes familiares, todas las personas se sometan a pruebas periódicas con el propósito de diagnosticar el problema en sus primeras fases. 

La hipertensión arterial y la alimentación

No cabe duda de que la hipertensión arterial y la alimentación están estrechamente relacionadas. De hecho, la mayoría de personas que acuden a la consulta del médico se topan con este problema después de años de cuidar mal su alimentación. 

Por ejemplo, el excesivo consumo de azúcares y grasas saturadas es uno de los elementos que explica la aparición de la hipertensión. Estos elementos pueden ocasionar diabetes y obstruir con colesterol las arterias. Esto último es el principal responsable de que sucedan los accidentes cardiovasculares. Y es que el exceso de presión puede hacer que se suelten placas de colesterol dentro de las arterias y que estas acaben obstruyendo una coronaria. 

El elevado consumo de sal, de alcohol y de café también pueden generar un problema de hipertensión. De hecho, está comprobado que aquellas personas que sufren esta enfermedad por la excesiva ingesta de estas sustancias le ponen remedio al abandonar su consumo. 

Tomar más calcio y potasio e incrementar el consumo de ácidos grasos omega 3, que son saludables para el organismo, son factores clave para evitar la aparición de la hipertensión y para combatirla. 

Ahora bien, también hay casos en los que la hipertensión arterial puede aparecer por estos motivos, u otros, pero está siendo influida por una afección denominada inflamación alimentaria. No confundas este concepto con el de intolerancia. Y es que este último hace referencia a la lactosa y al gluten (enfermedad celíaca), que son los únicos dos elementos que nuestro cuerpo puede “no tolerar”. 

Hacemos referencia con el término de inflamación alimentaria, al estado del organismo en el que determinados grupos de alimentos producen reacciones inflamatorias, bien porque se han consumido en exceso o bien porque simplemente la persona ha llegado a su umbral de aceptación. Esta reacción se traduce en síntomas de todo tipo (migrañas, problemas de peso, eccema, trastornos gastrointestinales, etc.) y por supuesto, afecta notablemente a enfermedades que el paciente ya esté sufriendo, como es el caso de la hipertensión arterial.

Hasta hace tan solo unos años resultaba difícil el detectar esta condición pues todos los malestares derivados del consumo de determinados alimentos si no eran alergias alimentarias se las consideraba erróneamente intolerancias. De hecho a día de hoy aún sigue ocurriendo con más frecuencia de la que debería. Solo existe una prueba que es capaz de diagnosticar si el paciente está inflamado. Estamos hablando del test de inflamación alimentaria Biomarkers. Este nos permite conocer el perfil alimentario actual de la persona para actuar en consecuencia. Cabe recordar que esta afección se desarrolla con el tiempo y no es una respuesta de nuestro sistema inmune por lo que se puede corregir. Nuestro método es muy sencillo, una vez conocemos qué grupo o grupos de alimentos están afectando al paciente reintroducimos los mismos progresivamente para que este vuelva a asimilarlos con normalidad y no le provoquen ni síntomas negativos ni le sigan afectando a enfermedades que ya padezca.

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