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intolerancia a la lactosa
27 Jun

Intolerancia a la lactosa: lo que no sabías sobre ella

¿Crees que sabes todo sobre la intolerancia a la lactosa? Aquí descubrirás mucho más de lo que imaginas.

Pocas cosas producen mayor frustración que el tener que abstenernos de nuestras comidas favoritas. Los lácteos figuran en la lista de ingredientes preferidos de una gran cantidad de personas. Lamentablemente, figuran en la lista de alimentos que más dolencias y molestias pueden producir. Y aunque puede haber varias causas subyacentes, la mayoría tienen su origen en un trastorno conocido como intolerancia a los lácteos. 

¿Qué es la intolerancia a la lactosa y por qué se produce?

La leche de los mamíferos posee un azúcar llamado lactosa, el segundo componente más abundante después del agua. Se trata de un disacárido conformado por galactosa y glucosa

Para que el organismo humano sea capaz de asimilar a la lactosa, debe descomponerla en los monosacáridos antes mencionados y digerirla. Esto es posible gracias a la acción de la enzima lactasa. El cuerpo la comienza a elaborar de forma natural justo antes del nacimiento, acelerando su producción durante la lactancia y ralentizándola a partir del destete. 

La lactasa se localiza únicamente en el intestino delgado. Incluso dentro de este órgano, su distribución dista mucho de ser uniforme. Es posible encontrarla en mayor concentración en el yeyuno, la sección que se ubica entre el duodeno y el íleon. 

Ahora bien, más de la mitad de la población mundial presenta una deficiencia de lactasa. Sus efectos adversos son el resultado del aprovechamiento de la lactosa no digerida en el colon por parte de la microbiota intestinal. Después de consumirla, este conjunto de bacterias producen, como desechos, ácido acético, butírico, láctico y pivúrico, anhídrido carbónico, hidrógeno y metano. 

Síntomas

La intolerancia a los lácteos se manifiesta de varias maneras y con distintos grados de intensidad. Tales diferencias responden a varios factores:

  • Cantidad de lactosa. Mientras más lácteos se ingieran, más probabilidades hay de sufrir síntomas variados y severos. 
  • Tipo de producto. No todos los alimentos poseen el mismo porcentaje de lactosa. Por lo tanto, la reacción del cuerpo variará dependiendo de si el individuo consumió leche, queso, yogur u otro comestible. 
  • Productos que acompañan a los lácteos. El daño causado por la leche y sus derivados puede ser menor si se come en compañía de alimentos no lácteos. 
  • Nivel de lactasa. Cuanto más alta sea la concentración de esta enzima en el intestino delgado, menos severa será la respuesta del organismo. 
  • Velocidad de vaciamiento gástrico. El tiempo que el contenido estomacal tarda en pasar al duodeno determina, en parte, la cantidad de lactosa que llega al intestino delgado y los posteriores efectos en el colon. 
  • Flora del intestino grueso. El tipo y concentración de bacterias en el colon es otro factor determinante en la respuesta del cuerpo. Las de cierta clase son particularmente responsables de la fermentación de la lactosa. 
  • Capacidad de absorción de agua del colon. Ante la prevalencia de lactosa no digerida, el organismo reacciona hidratando el tubo digestivo. Cuanto más agua es capaz de absorber el colon, mayor será la urgencia de defecar y más líquidas y frecuentes serán las evacuaciones. 

Los síntomas suelen presentarse tan solo dos horas después de consumir alimentos con este disacárido. Todos los pacientes se quejan de distensión y dolor en el abdomen, gases y ruidos intestinales; entre setenta y ochenta por ciento sufren de diarrea, náuseas y vómitos; y una tercera parte padece de estreñimiento

En algunos casos, ciertas sustancias tóxicas (tales como el acetaldehído, el etanol y ciertos péptidos) producidas durante el metabolismo de los individuos intolerantes a la lactosa afectan otros sistemas del organismo. Cuando esto ocurre, las repercusiones negativas van más allá del aparato digestivo y el área intestinal

Por consiguiente, los síntomas de la deficiencia de lactasa pueden incluir alergias, aparición de úlceras en la boca, dolor en los músculos y en las articulaciones, cansancio, cefalea, depresión, infecciones en la piel, problemas de concentración y sequedad en las mucosas nasales. 

Diagnóstico

Para averiguar si padeces de intolerancia a la lactosa, necesitas acudir a un experto en enfermedades del aparato digestivo, el denominado gastroenterólogo. 

Diagnosticar la intolerancia a los lácteos no es una tarea sencilla. Síntomas como la diarrea, los gases y la hinchazón pueden corresponder a varias enfermedades. Además, la baja concentración de lactasa en el intestino delgado y los problemas digestivos no demuestran por sí solos que seas intolerante a la leche y sus derivados. 

Cada persona tiene diferentes hábitos alimenticios y una fisiología particular que determinan si el cuerpo reaccionará de manera adversa al consumo de lácteos y si dicha respuesta será especialmente hostil. Como mencionamos en el apartado anterior, pueden haber distintos factores implicados. 

Sin embargo, existe un consenso entre los especialistas de que la cantidad de lactosa que consume el paciente y la capacidad de su intestino grueso para absorber agua son los rasgos que más influyen en la aparición de los síntomas. 

A fin de descartar posibilidades, el médico hará las pruebas que considere convenientes. Te recomendamos no solicitarlas por tu cuenta sin la prescripción de un profesional, ya que existe el riesgo de obtener un diagnóstico equivocado. Los siguientes son los exámenes más comunes

Test de hidrógeno espirado

Esta técnica mide la capacidad de un individuo para digerir la lactosa. Es el método más empleado en personas mayores de cinco años. El paciente necesita ingerir una solución de 25 a 50 gramos de lactosa disuelta en 200 a 400 mililitros de agua. Quince minutos después, deberá soplar en un aparato que analiza el hidrógeno presente en el aliento. 

El principio detrás de este procedimiento es fácil de entender. Los azúcares que el intestino delgado no puede digerir viajan hasta el colon. Aquí son devorados por las bacterias y convertidos en hidrógeno y metano, entre otros productos de desecho. El torrente sanguíneo absorbe este elemento y el cuerpo lo elimina mediante la respiración. 

La presencia de más de 20 ppm (partes por millón) de hidrógeno en la respiración es un indicativo de que la lactosa ha llegado al colon sin ser correctamente asimilada por el intestino delgado. En el caso de los pacientes cuya flora intestinal no produce hidrógeno, medir los niveles de metano es la mejor opción. Una cifra superior a 12 ppm delataría un posible cuadro de intolerancia a los productos lácteos. 

Test sanguíneo de tolerancia de lactosa

La prueba comienza con una extracción de sangre. Acto seguido, el sujeto de estudio recibe una dosis de 100 gramos de lactosa disuelta en agua. Transcurridas entre una y dos horas, se toma una segunda muestra de sangre. 

Los bajos niveles de lactasa impiden que el intestino delgado desdoble la lactosa en galactosa y glucosa. Por tanto, esta última pasa al colon sin filtrarse al torrente sanguíneo a través de la pared intestinal. 

Lo normal sería que el nivel de glucosa de la sangre del análisis inicial fuera notablemente mayor al del último. Sin embargo, quienes tienen problemas para procesar el azúcar de la leche no registrarán una diferencia muy significativa

Cuando la glucemia (medida de concentración de glucosa en la sangre) de la segunda muestra no aumenta por encima de los 14,4 miligramos por decilitro con respecto a la inicial, es muy posible que estemos ante un caso intolerancia. Cabe señalar que este no es el examen más efectivo de todos. Es visto como un método para confirmar los resultados arrojados por otros estudios. 

Biopsia en el intestino delgado

Es un análisis que requiere de la obtención de una muestra del intestino delgado superior, particularmente del duodeno o del yeyuno. La biopsia se efectúa mediante una endoscopia. 

Veamos en qué consiste este procedimiento. En primer lugar, se administra anestesia al paciente. A continuación, se introduce un tubo flexible hecho de fibra óptica a través de la boca o de la nariz. Cuando el instrumento alcanza el tracto gastrointestinal se extrae una pequeña porción de tejido o mucosa. Esta se analiza en laboratorio con el objetivo de hallar evidencias de dinamismo enzimático. Una actividad de la lactasa que esté por debajo de los 10 U/g revela deficiencia de la misma. 
La ventaja de esta técnica es que no requiere la ingesta de una dosis de lactosa, lo cual suele provocar malestar en el paciente. La desventaja es que se trata de un procedimiento invasivo que genera recelo en más de uno. 

Test genético

La influencia de los genes en la baja tolerancia a la lactosa está bien documentada. De hecho, se ha descubierto una relación entre la actividad de la lactasa y dos características del gen MCM6. 

Para encontrar indicios de baja resistencia a los lácteos, se toma como muestra un poco de saliva o sangre. Después, se evalúa el comportamiento de una serie de tiras al entrar en contacto con el ADN de la muestra, previamente extraída. El cambio de coloración de las bandas a una tonalidad específica confirmará el diagnóstico por hipolactasia. 

El paciente goza de varios beneficios al recurrir a este método: no es invasivo, no hace falta consumir lactosa y se realiza en unos cuantos minutos. El único inconveniente es que necesitas esperar algunos días para conocer el resultado. 

Test de gaxilosa 

Es uno de los análisis más modernos para medir la capacidad para asimilar el azúcar de la leche y sus derivados. Si el gastroenterólogo recomienda este análisis, se administrará una dosis reducida de gaxilosa, un disacárido creado en laboratorio con características similares a las de la lactosa. La enzima lactosa lo separa en dos azúcares: galactosa y xilosa. Este último es eliminado del cuerpo por la vía urinaria. 

La orina acumulada durante las cinco horas posteriores a la ingesta de gaxilosa permite identificar qué tan efectiva es la digestión de la lactosa. Esto es porque el nivel de xilosa presente en la muestra resultante tiene relación directa con la actividad de la enzima lactasa. Un paciente es intolerante cuando registra una cantidad menor a los 19,18 miligramos de este monosacárido. 

Como el compuesto utilizado para realizar esta prueba tiene un bajo contenido de azúcar, las molestias que sufren los pacientes a causa de su ingesta son mínimas. 

intolerancia a los lacteos

Factores de riesgo

La incapacidad para digerir la lactosa de forma apropiada puede afectar a cualquier persona. No obstante, existen ciertos factores que aumentan las posibilidades de padecerla. 

  • Edad. Aunque puede presentarse en recién nacidos y menores de edad, la inmensa mayoría de los casos surgen después de cumplir la mayoría de edad. 
  • Procedencia. Se ha descubierto que las personas provenientes de ciertas naciones africanas, asiáticas, hispanas, así como los nativos americanos, tienen una mayor tendencia a lidiar con la intolerancia a los lácteos de origen genético. 
  • Parto prematuro. Las células encargadas de producir lactasa no aparecen en el intestino delgado hasta las últimas semanas del embarazo. Por eso, es importante evaluar los niveles de esta enzima en los bebés que nacen antes de tiempo y su reacción al consumir lactosa, particularmente la del calostro y la leche materna. 
  • Enfermedades. Existen varios padecimientos que alteran la aptitud del intestino delgado para desdoblar la lactosa. Generalmente, el daño que provocan es controlable y pasajero, y ceden poco tiempo después de que la enfermedad en cuestión es erradicada. 
  • Tratamientos. La intolerancia puede surgir a raíz de procedimientos médicos agresivos. Los casos más representativos son las radioterapias o quimioterapias, utilizados especialmente en el combate a distintos tipos de cáncer. 

Tipos de intolerancia a la lactosa

De acuerdo a su origen, existen tres clases de intolerancia a la lactosa. Determinar cuál es la que padeces es indispensable para prescribir el tratamiento correspondiente. 

Deficiencia primaria de lactasa

Se caracteriza por una disminución gradual en la elaboración de la lactasa y, como resultado, en la incapacidad para procesar adecuadamente la lactosa. A este tipo de intolerancia se le atribuyen causas hereditarias, lo que explica que sea un trastorno frecuente entre pacientes que pertenecen a una raza o grupo étnico específico. 

Los síntomas de la deficiencia primaria de lactasa pueden aparecer a cualquier edad. Quienes la sufren descubren poco a poco que el consumo de productos con lactosa les provoca cada vez más molestias. No es, ni mucho menos, un trastorno excepcional. Se calcula que casi tres cuartas partes de la población mundial padece algún grado de intolerancia. Sin embargo, en algunas personas las manifestaciones son especialmente agresivas. 

No existe una cura para el problema de la baja producción de lactasa de carácter genético. Hasta el momento, no existe un tratamiento que haya tenido éxito en la regeneración de esta enzima ni en la eliminación de los síntomas. La única manera de experimentar alivio es suprimir la leche y sus derivados de la dieta o mantener su ingesta al mínimo. Actualmente, existe toda una línea de alternativas sin lactosa o con un contenido reducido que han sido creadas especialmente para los intolerantes. 

Deficiencia secundaria de lactasa

Esta clase de intolerancia es temporal y reversible. Su origen no obedece a razones genéticas. 

Los bebés que nacen antes de concluir el tercer trimestre tienden a padecer esta anomalía. El calostro ocasiona problemas digestivos en los recién nacidos que padecen de deficiencia secundaria de lactasa. 

Los problemas transitorios para tolerar la lactosa también pueden deberse a una reacción secundaria de ciertos antibióticos y a un crecimiento excesivo de la población de bacterias en el intestino delgado. 

Asimismo, hay padecimientos que alteran el buen funcionamiento del intestino delgado, lo que incluye la formación de la lactasa. Entre estas figuran la gastroenterocolitis inducida por parásitos, virus y bacterias, la celiaquía, la enteritis regional, la desnutrición a causa de un trastorno alimenticio o de una diarrea prolongada, el síndrome del intestino corto y el colon irritable. 

Los síntomas de la deficiencia de lactasa secundaria desaparecen cuando el paciente se cura de las enfermedades mencionadas y la mucosa que reviste las paredes del intestino recupera su estado anterior. 

Deficiencia congénita de lactasa

Es una variante de intolerancia a la lactosa muy poco común. Aparece debido a un mutación genética que anula o debilita casi en su totalidad los efectos de la enzima lactasa. A nivel mundial, afecta a un número reducido de personas. Casi la mitad de los pacientes proceden de Finlandia. 

Como la primaria, la deficiencia congénita de lactasa es de origen genético y se manifiesta desde el nacimiento. Los recién nacidos que la padecen deben abstenerse de la leche materna. De lo contrario, podrían sufrir graves complicaciones que, en el peor de los casos, desembocarían en un grave daño cerebral. 

Diferencias entre intolerancia a la lactosa, alergia e inflamación alimentaria

La intolerancia no es el único trastorno inducido por la lactosa. Este azúcar también puede producir alergia. Como esta última es una afección más seria, es sumamente importante aprender a distinguir entre ambas condiciones. 

Ya hemos explicado largamente que el origen de la intolerancia es una deficiencia en la producción de una enzima o en su efectividad. En contraste, la alergia a la lactosa tiene otra motivación. Se trata de un comportamiento anómalo del sistema inmunitario

Por razones que no están plenamente identificadas, las defensas del cuerpo confunden la lactosa con una amenaza que tiene que ser exterminada. En los pacientes alérgicos, el consumo continuado de productos lácteos ocasionará una respuesta cada vez más violenta del propio organismo, que terminará atacándose a sí mismo. 

Los síntomas de la alergia a la lactosa son distintos y, en algunos casos, muy graves. Comprenden hinchazón en la cara, la garganta y la lengua, picor en la piel, flujo y congestión nasal, desmayos y enfermedades digestivas. En el peor de los escenarios, pueden ocasionar anafilaxia, asfixia e hipotensión arterial, complicaciones mortales cuando no se atienden inmediatamente. 

Hasta la fecha, el único tratamiento seguro para hacer frente a la alergia a la lactosa consiste en abstenerse completamente de cualquier comestible que contenga lácteos. 

La situación es distinta cuando hablamos de la intolerancia. Como hemos visto, es tratable en algunos casos y, dependiendo de su gravedad, puede ser admisible consumir raciones menores de productos que contengan leche y sus derivados. Por si fuera poco, existen sustitutos que los intolerantes pueden comer sin cuidado. 

Ahora bien, en la escena de los problemas relacionados con los alimentos aparece otro trastorno: la inflamación alimentaria. Se trata de un malestar que se presenta cuando el cuerpo supera su umbral de aceptación de determinados grupos de comestibles. 

Aunque la inflamación no tiene nada que ver con una deficiencia de lactasa, los síntomas al consumir lácteos son similares. Esto lleva a algunas personas a asumir equivocadamente que padecen de intolerancia. Quienes cometen este error pueden adoptar una dieta muy restrictiva en perjuicio de su bienestar y hasta de su salud. 

Si crees padecer inflamación debido al consumo de lácteos, puedes encontrar una solución a tu problema. ¿De qué manera? A fin de efectuar el diagnóstico, prescribir el tratamiento y hacer un seguimiento de los pacientes que luchan contra las molestias de los lácteos, nuestro equipo de expertos ha creado una solución llamada sistema Biomarkers. 

Por medio de un análisis de sangre (solo unas gotas extraídas mediante punción en el dedo) podrás saber si padeces de inflamación a causa de la leche y sus derivados. El test de inflamación alimentaria Biomarkers también servirá de punto de partida para elaborar un plan alimentario cuyo objetivo es enseñar a tu organismo a asimilar tales comestibles. Paulatinamente, podrás consumir más lácteos sin sufrir las consecuencias negativas previas. Acércate a tu centro más cercano, estaremos encantados de ayudarte.

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