Inflamación Alimentaria

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Intolerancia a los alimentos: todo lo que necesitas saber
05 Dic

Intolerancia a los alimentos: todo lo que necesitas saber

Comer es una necesidad que generalmente resulta placentera.

Lamentablemente, pueden existir problemas de salud que nos obliguen a privarnos de comidas que nos gustan, entre estos problemas se encuentran las alergias e intolerancias alimentarias. Cada vez tiene más importancia un tercer problema denominado inflamación alimentaria que provoca en el paciente diferentes malestares que, afortunadamente, pueden ser controlados llegando a desaparecer sin necesidad de eliminar completamente ningún alimento.

Pero el alimento desempeña una función aún más importante que satisfacernos. Todos necesitamos comer a fin de obtener los nutrientes que el cuerpo necesita para funcionar de la manera adecuada. Irónicamente, ciertas comidas y bebidas, lejos de cumplir su cometido, pueden ocasionar molestias e incluso afectar a patologías que el paciente ya sufra. Sin embargo, esto no significa que la persona deba dejar de consumirlas, o por lo menos no en todos los casos, sino más bien reeducar al organismo para volver a tolerarlos especialmente en el caso de la inflamación alimentaria. De más está decir que nuestro bienestar está en juego a causa de estas complicaciones. Hablemos de las razones que hay detrás de estos trastornos.

¿Qué es la intolerancia alimentaria?

Es la reacción desfavorable que la ingestión de ciertos alimentos produce en algunas personas. Ocurre a causa de una digestión, metabolización o asimilación deficiente de la comida, lo que ocasiona efectos adversos en el organismo. Tienen su raíz en el sistema digestivo y por su origen, se pueden identificar tres clases de intolerancia:

  1. Primaria: es hereditaria, permanente, puede presentarse a cualquier edad y no es posible lograr una rehabilitación completa. Se caracteriza por ir aumentando gradualmente en gravedad.
  2. Secundaria: no es de origen genético, su aparición obedece a causas concretas y es posible revertir sus efectos en relativamente poco tiempo. La solución a este trastorno consiste en atacar de raíz al detonante de la intolerancia y utilizar remedios que ayuden a la mucosa del intestino a regresar a su estado habitual.
  3. Deficiencia congénita: es similar a la primaria, con la única diferencia de que esta disfunción digestiva está presente desde el nacimiento. Existen muy pocos casos diagnosticados y la gran mayoría se concentran entre individuos nativos de Finlandia.

¿Qué alimentos producen intolerancia alimentaria?

Las comidas que pueden ocasionar intolerancia son muy distintas, y las reacciones varían de una persona a otra. Sin embargo, se han identificado dos compuestos presentes en distintos productos comestibles que causan estos problemas metabólicos. Nos referimos a la lactosa y al gluten. Veamos cómo lo hacen.

Cómo se produce la intolerancia a la lactosa

La lactasa es una enzima que se halla al interior del intestino delgado. Su función es procesar y asimilar la lactosa, azúcar que se encuentra en la leche y en todos los productos derivados de ella. La intolerancia a esta clase de alimentos sucede cuando el organismo tiene problemas para producir cantidades adecuadas de lactasa.

Cómo se produce la intolerancia al gluten

El trigo, la cebada, el centeno, la avena y sus derivados tienen algo en común: todos contienen gluten. Lo mismo es cierto en el caso de los panes y las harinas elaborados con estos cereales, además de muchos alimentos procesados, suplementos y complementos. El gluten causa trastornos en el organismo cuando el sistema digestivo tiene dificultades para descomponerlo. La persona intolerante sufre de inflamación en el intestino, lo que a su provoca problemas gastrointestinales, así como pérdida de peso, de apetito y de masa muscular.

¿Cómo detectar la intolerancia a la lactosa y al gluten?

La incapacidad del organismo para transformar y aprovechar (total o parcialmente) los nutrientes de la comida contribuye al desarrollo de varios problemas de salud.

  • Trastornos gastrointestinales: los principales indicadores son el exceso constante de gases y la presencia de alteraciones crónicas como la diarrea, el estreñimiento, las náuseas, el reflujo, y la distensión y el dolor abdominal. Ser diagnosticado con el síndrome del colon irritable también podría ser una señal de alarma.
  • Enfermedades o molestias dermatológicas: la piel también puede reaccionar de forma negativa a la asimilación deficiente de la comida. Tales problemas pueden manifestarse en forma de picor, urticaria, erupciones, acné, psoriasis y eczema.
  • Problemas neurológicos: el cuerpo humano posee una red nerviosa que lo recorre en su totalidad, y el sistema digestivo no es la excepción. Por lo tanto, un mal funcionamiento del mismo puede provocar el desarrollo de trastornos de tipo neurológico. Esto explica por qué un paciente con intolerancia a los alimentos puede sentirse cansado sin razón aparente y padecer de mareo, vértigo, dolor de cabeza y migrañas frecuentes.
  • Aumento de peso: algunos pacientes que sufren de sobrepeso u obesidad no logran reducir tallas, aún después de adoptar un estilo de vida saludable y una dieta equilibrada. Este podría ser otro indicativo de que se es intolerante a una clase específica de alimentos.
  • Problemas musculares y reumatismo: los efectos negativos de ciertas comidas también causan problemas en los músculos y las articulaciones, propiciando dolor en dichas partes del cuerpo, fibromialgia, artrosis y artritis.

Es verdad que existen muchas enfermedades que pueden ser responsables de los síntomas antes mencionados. Sin embargo, no debería descartarse la intolerancia alimentaria como un disparador de los mismos. Esto reviste especial importancia cuando se presentan varios de estos trastornos y problemas a la vez. Siempre que exista la posibilidad de padecer alguna clase de intolerancia a la lactosa o al gluten, debería acudir con un especialista para recibir un diagnóstico certero.

¿En qué consiste el examen de intolerancia a la lactosa y al gluten?

Existe un método que ayuda a identificar si una persona sufre de intolerancia a la lactosa o al gluten. Se trata de un estudio que permite determinar si el sistema digestivo tiene problemas para procesar ciertos productos comestibles. ¿En qué consiste?

Después de extraer una muestra de sangre del paciente se procede a efectuar una evaluación en el laboratorio. Simulando las condiciones imperantes en el interior del sistema digestivo, se observa la reacción de las células sanguíneas cuando entran en contacto con más de cien sustancias.

Específicamente, se estudia el comportamiento de los glóbulos blancos al convivir con distintos tipos de proteínas, colorantes, conservantes y otras sustancias químicas presentes en los alimentos. En otras palabras, el examen ayuda a definir si el organismo considera cierto alimento como un agente que tiene que repeler o combatir.

Cualquiera puede someterse a este estudio. Sin embargo, como la composición sanguínea de una mujer embarazada o la de un enfermo de cáncer que está recibiendo quimioterapia cambia, los resultados podrían verse alterados. Por lo tanto, es preferible esperar un tiempo después de la gestación. Por otro lado, antes de realizar el examen a quienes se les hallan prescrito corticoides, anticoagulantes o antihistamínicos, se les pedirá que limiten la dosis o suspendan el tratamiento por unos cuantos días.

El laboratorio necesita aproximadamente una semana para completar el estudio. En los resultados, se asigna una clasificación a cada grupo alimenticio, la cual se basa en la intensidad de la reacción de las células sanguíneas cuando se enfrentan a diversas sustancias. El rechazo a un alimento puede ser positivo alto, medio, bajo o negativo.

¿Cómo hacer frente a la intolerancia a la lactosa y al gluten?

Es posible llevar una vida de calidad y alimentarse sanamente. Veamos, en términos generales, cuáles son las recomendaciones para hacer frente a la intolerancia a la lactosa y al gluten.

Cómo enfrentar la intolerancia a la lactosa

Si sufres de este trastorno tienes dos alternativas. La primera consiste en evitar por completo todos los comestibles que contengan el también llamado azúcar de la leche. Muchos alimentos y bebidas procesadas pueden contener lactosa, sin que siquiera lo sepamos. Para advertir su presencia, lo más prudente es leer las etiquetas de los empaquetados que los contienen. Esto incluye algunos panes, dulces, sopas, salsas e incluso fármacos.

Cuando el grado de intolerancia es muy alto, los profesionales recomiendan la abstinencia total de productos lácteos y otros que contienen lactosa. Por otro lado, se pueden consumir con moderación si el cuerpo los tolera hasta cierto punto. Ahora bien, es importante tener presente que los niveles de producción de la enzima lactasa sufren modificaciones con el paso de los años. Se necesitan realizar pruebas cada cierto tiempo para determinar si el problema ha desaparecido, permanece estable o, por el contrario, se ha agravado. 

La segunda alternativa, que de hecho complementa a la anterior, es compensar la deficiencia de la enzima encargada de metabolizar la lactosa. Esto se logra consumiendo alimentos como el yogur con cultivos bacterianos y los suplementos ricos en lactosa. De esta manera, el paciente puede llevar una dieta menos restrictiva. No obstante, cabe señalar que este tratamiento no funciona en todos los casos.

Cómo enfrentar la intolerancia al gluten

Actualmente, quienes luchan contra la intolerancia al gluten, también conocida como enfermedad celíaca, tienen una sola opción: evitar o limitar el consumo de cereales, alimentos y bebidas con este compuesto, dependiendo del grado de rechazo de su organismo. Si ese fuera tu caso, un experto te prescribirá una dieta a base de frutas, verduras, hortalizas, cereales libres de gluten (como el maíz y el arroz), legumbres y aceites.

El gluten es uno de los elementos más comunes en muchos de los productos que se venden en el supermercado. Existen varias alternativas para las personas celíacas. Tomando las medidas pertinentes, es posible encontrar sustitutos a los alimentos convencionales. Si tu cuerpo tolera cantidades controladas de esta glucoproteína, tienes un margen de acción aún mayor. Por ejemplo, podrías consumir ciertas variedades de avena que contienen cantidades mínimas de gluten.

En el futuro podrían aparecer tratamientos contra esta clase de intolerancia. Los científicos han descubierto un agente capaz de impedir que el gluten impacte de forma adversa en el intestino. Se trata de la molécula a-MSH, la cual servirá de base para la elaboración de nuevos medicamentos.

Otra investigación permitió aislar la proteína del gluten que ocasiona los desagradables efectos secundarios en el sistema digestivo, la gliadina. No solo eso, los científicos que participaron en este experimento, afirman haber encontrado una enzima de origen bacteriano capaz de destruir a la gliadina.

La importancia de acudir a un experto

Ante la sospecha de padecer intolerancia es fundamental acudir a un profesional que pueda confirmar el diagnóstico. La intolerancia alimentaria es objeto de estudio de numerosos especialistas, entre los que podemos mencionar a los nutricionistas, gastroenterólogos, neurólogos, endocrinólogos y dermatólogos. Difícilmente, es la primera opción en la que piensan los médicos cuando llega un paciente a su consulta. Después de descartar una enfermedad tras otra, y con la ayuda del estudio correspondiente, se puede llegar a la conclusión correcta.

Los dos tipos de intolerancia mencionados conllevan la aplicación de diversos cambios en los hábitos alimenticios. De ahí la importancia de identificar el tipo específico que se padece acudiendo a un profesional. El médico prescribirá una dieta que reemplazará los nutrientes de los comestibles no permitidos por los de otros que el paciente podrá comer sin ningún inconveniente. En todo momento, el plan alimentario debe ser supervisado de cerca.

Poco a poco, el individuo afectado irá aprendiendo a seleccionar los alimentos que le benefician y a cuidarse de los que pueden causarle malestar. Si su intolerancia no es alta, aprenderá a fijar un límite a las cantidades que puede ingerir y a mantenerse dentro de ese rango.

No debe confundirse con la alergia a los alimentos

La intolerancia a los alimentos no es lo mismo que la alergia alimentaria. Una alergia se define como una reacción anormal del sistema inmunitario al hacer contacto con alguna sustancia. En el caso de ciertos individuos, los componentes de un alimento en particular pueden provocar una respuesta desmedida de las defensas del cuerpo.

Para entenderlo mejor, supongamos que una persona es alérgica a la nuez. Por alguna razón, su inmunoglobulina la detecta como una amenaza que tiene que combatir. El sistema inmunitario registrará en su “memoria” aquel enfrentamiento inicial y procederá de una forma cada vez más agresiva a la ingestión de este fruto seco.

Los síntomas de la alergia alimentaria suelen ser más agudos que los de la intolerancia. Incluyen inflamación de los párpados, la cara, los labios, la lengua, la garganta, picazón en cualquier parte del cuerpo, mareos, desvanecimiento, congestión y goteo nasal, problemas estomacales y reacciones potencialmente mortales como la hipotensión arterial, la anafilaxia y el bloqueo de las vías respiratorias.

La intolerancia a los alimentos no es lo mismo que la inflamación alimentaria

A pesar de que es muy común, hay que reconocer que el uso del término “intolerancia alimentaria” se presta a confusión. En realidad, las únicas intolerancias reconocidas por la totalidad de la comunidad médica son las que tienen que ver con la lactosa y el gluten. El resto de los problemas que impiden procesar los alimentos correctamente forman parte de un trastorno denominado inflamación alimentaria.

Los trastornos relacionados con la fructosa y la sacarosa no son intolerancia

Contrario a lo que muchos creen, la intolerancia a la fructosa y a la sacarosa no existen como tales. Más bien, estos azúcares son culpables de algunos casos de inflamación alimentaria.

La fructosa y la sacarosa están presentes en muchas frutas, algunos vegetales, la miel, el azúcar común, el moreno, el de caña y el de remolacha, así como edulcorantes con sorbitol.

En las etapas iniciales del tratamiento contra la inflamación intestinal causada por la fructosa y la sacarosa, se deben consumir alimentos hechos en casa y emplear ingredientes naturales en su preparación. Ningún alimento de origen animal contiene fructosa. Por lo tanto, no existe ninguna limitación en cuanto a las cantidades de carne, pescado, huevos y leche que se consuman. 

Al mismo tiempo, la resistencia a la sacarosa puede disminuir cuando se ingieren cantidades adecuadas de glucosa, ya sea en pastillas, cápsulas o en cualquiera de sus presentaciones. Otros endulzantes que pueden ser parte de la dieta son la estevia y el sirope de yacón.

Si tu organismo soporta ciertos niveles de fructosa, entonces puedes permitirse una, dos o tres porciones de alimentos que la incluyan, distribuidas a lo largo del día. Cuando las frutas y verduras se someten a un proceso de cocción, se suprime la mayor parte del azúcar que poseen. También es aconsejable dejar envejecer las patatas antes de consumirlas, ya que pierden fructosa con el paso del tiempo. 

La eficacia del sistema Biomarkers en el tratamiento de la inflamación alimentaria

Cada persona tiene un umbral distinto de tolerancia a ciertos alimentos. Cuando este se supera, ocurren distintas reacciones que producen malestar en el individuo. Muchas de las pruebas para identificar la supuesta intolerancia a ciertos alimentos sirven de base para establecer dietas demasiado restrictivas y excluyentes, lo que termina afectando la calidad de vida del paciente. Además de no tener una base científica que las avale.

El sistema Biomarkers ha desarrollado un test capaz de determinar si una persona sufre de inflamación alimentaria y a qué nivel. Consta de tres pasos:

  1. Extracción: no implica el uso de procedimientos invasivos o dolorosos. Se extrae una cantidad mínima de sangre realizando una diminuta punción en el dedo del paciente.
  2. Análisis: se envía la muestra al laboratorio para ser analizada por un equipo de expertos. Los valores de dos proteínas llamadas citoquinas BAFF y PAF ayudan a determinar los niveles de inflamación ante distintos grupos de alimentos. A continuación, se crea al informe correspondiente.
  3. Informe: los resultados sirven para establecer una dieta rotación que ayuda el individuo afectado a recuperar la tolerancia a ciertos alimentos de manera que pueda seguir consumiéndolos con normalidad.

Un diagnóstico rápido y efectivo, así como la implementación de un procedimiento sencillo encaminado a la reeducación, hacen posible que el sistema Biomarkers garantice el bienestar del paciente.

Los estudios adecuados permitirán identificar los alimentos que ocasionan un trastorno en particular. Por otro lado, un especialista te ayudará a determinar si sufres de intolerancia, alergia o inflamación alimentaria y te prescribirá la dieta pertinente. No permitas que las molestias te impidan disfrutar de los alimentos que tanto te gustan, la clave está en identificar tu problema porque es posible, como en el caso de la inflamación, revertirlo.

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