Inflamación Alimentaria

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16 Ene

Las dos únicas intolerancias a alimentos reconocidas

Acostumbrados a repetir ciertas expresiones podemos llegar a confundirnos. Así, no es lo mismo intolerancias a alimentos, alergias e inflamación alimentaria. 

Comer de todo es una recomendación de nuestros mayores y de los especialistas. La escuchamos desde pequeños y nuestros padres se esforzaron en darnos a probar todas las texturas y sabores. Si algo había que dejarlo fuera del menú cotidiano era porque “nos hacía daño”, no por gusto. Y, con el paso de los años, nos quedó bien grabada esta costumbre, además de la de probarlo todo antes de decir que no nos gusta. Sin embargo, y conforme compartimos datos con los especialistas de la salud o nuestros allegados, vemos que no siempre podemos comer lo que queremos.

Llegados a este punto hay que matizar bien para poder llegar a un sano final. La premisa de que los alimentos son siempre nuestros aliados se mantendrá. También la necesidad de una dieta rica y equilibrada. Pero, ante reacciones adversas del organismo, hemos de saber cómo reeducarlo, antes que dedicarnos a medicarlo continuamente, y estar seguros de que, solo en casos muy específicos, hay que dejar de ingerir tal o cual alimento.

¿Qué son exactamente las intolerancias a los alimentos?

La intolerancia alimentaria es un problema muy específico, por eso no vale usar la expresión para cualquier malfunción digestiva o confundirla con una alergia o una inflamación. Su origen está en el sistema digestivo. Este es incapaz de digerir, metabolizar y asimiliar debidamente unas determinadas comidas. Ello, claramente, lleva a malfunciones asociadas. Y esta mala aceptación se produce, únicamente, cuando los alimentos llevan dos compuestos determinados: el gluten y la lactosa, de hecho, estríctamente hablando en el primero de los casos se trata de una enfermedad autoinmune, la celiaquía, en la que el factor que la desencadena es el gluten. Pueden ir unidos o por separado. El caso es que solo se da intolerancia alimentaria cuando nuestro cuerpo presenta ese tipo de reacción a esos compuestos. Para otras reacciones en contra se usarán otras denominaciones pero esta debe quedar bien clara. 

Suele detectarse por una serie de malestares. Dejemos claro que la raíz está en el sistema digestivo, pero las consecuencias se notan por el resto del cuerpo. Veamos las más comunes.

  • Trastorno gastrointestinal: donde está el origen de todo es donde comienzan los males. Aparecen gases, dolor abdominal, diarrea, estreñimiento crónico, hasta náuseas y reflujo.
  • Irritación cutánea: la piel se ve afectada con erupciones, picores localizados, eczemas.
  • Problemas neurológicos: es experiencia general que una preocupación o el estrés nos afecten a la digestión. Y a la inversa, malas digestiones traen dolores de cabeza, migrañas, cambios de ánimo, decaimiento y similares.
  • Sobrepeso: hay que observar que el origen no sea la ingesta ingente de alimentos, la vida sedentaria o una mala alimentación.
  • Problemas musculares: aparecen junto con los alimentos que nos resultan indigestos. Si tienen otro origen pueden influir negativamente, pero no tendrían el origen en el sistema digestivo.

En todos los casos hay que consultar con un especialista que diagnostique el problema. Claramente, puede haber uno o varios que se están reforzando. Delimitar los orígenes ayuda a encontrar las mejores soluciones. Si se trata de intolerancia alimentaria tendremos que ver a qué grado llega y eliminar de nuestra dieta todos aquellos alimentos que contengan gluten o lactosa, dependiendo de la afección que presente el paciente.

Identificamos uno de los males: la intolerancia al gluten o enfermedad celíaca

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Quienes lo sufren reciben el nombre de celíacos. No logran asimilar trigo, cebada, centeno, avena y muchos otros alimentos y complementos. Gracias a las investigaciones y la sensibilización, muchos procesados ya se venden sin gluten, ayudando así a los intolerantes a este compuesto a encontrar comida de todo tipo libre de gluten y a un precio mucho menor que hace algunos años.

Los pacientes que padecen enfermedad celíaca no logran descomponer el gluten y se les inflama el intestino repercutiendo en problemas estomacales y de salud en general.

Las recomendaciones pasan por la ingesta de alimentos sin gluten, la observación de la cantidad de gluten tolerado y su ingesta controlada solo en algunos casos muy leves. 

La segunda y última intolerancia reconocida científicamente: la intolerancia a la lactosa

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La lactosa es un azúcar presente en la leche y todos sus productos derivados. El organismo la descompone y asimila gracias a la lactasa, una enzima presente en el intestino delgado, pero si no produce la suficiente comienzan los problemas

Las soluciones pasan, primero, por un control de la lactosa ingerida (solo en casos muy específicos) o la abstención (en la mayoría de pacientes). También hay que realizar pruebas para determinar la cantidad producida de lactasa, que cambia con los años. Como segundo paso, hay que tomar complementos ricos en lactasa, aportando al cuerpo la que no produce.

Delimitando conceptos: diferencias entre intolerancia e inflamación alimentaria

Cuando los orígenes del mal se encuentran en el gluten y la lactosa y además se producen por una respuesta inmune de nuestro organismo estamos hablando de intolerancia alimentaria. Sin embargo, existe otra afección llamada inflamación alimentaria que también puede estar relacionada con estos dos compuestos pero es reversible. Las inflamaciones alimentarias se desencadenan por diferentes grupos de alimentos que contienen: trigo, levadura, níquel, leche, aceites cocinados, sal en cantidad alta y leche. Las intolerancias requieren adaptar la dieta del paciente eliminando de la misma todas aquellas comidas que contengan gluten o lactosa, dependiendo del tipo de intolerancia que sufra el mismo. En el caso de las inflamaciones se corrigen mediante una reeducación del organismo sin necesidad de excluir ningún alimento.

Solo como apunte: si el inicio de la reacción se encuentra en el sistema inmunitario nos encontramos ante una alergia.

Existe una solución para la inflamación: el sistema Biomarkers

El Test de Inflamación Alimentaria Biomarkers puede ayudarte a dar con el origen de tus problemas pues existen muchas personas que creen estar sufriendo una intolerancia cuando lo que presentan en realidad es una inflamación, un estado mucho menos grave que tiene una cura muy sencilla.

La clave está en encontrar el perfil alimentario ideal de cada persona adaptando su dieta para reintroducir gradualmente aquellos alimentos que en un primer momento podían estar causando malestares en el paciente. Los dolores de cabeza, los problemas digestivos, los trastornos dermatológicos, etc., pueden desaparecer dando con el origen de los mismos, y es que muchas veces este se encuentra en la alimentación.

Si estás interesado en realizarte el test tan solo tienes que localizar tu centro más cercano a través de nuestro buscador y ponerte en contacto con el mismo para concertar una cita con el especialista. Él será el encargado de realizarte la sencilla prueba Biomarkers. Mediante una pequeña punción en el dedo y la extracción de unas gotas de sangre estas se enviarán a nuestro laboratorio en Italia para su examen. Tras su análisis recibirá el informe en el que podrá ver el nivel de inflamación que está sufriendo así como los grupos de alimentos a los que presenta sensibilidad. Su médico le ayudará a recuperar el bienestar a través de nuestra dieta de rotación mediante la cual reintroducirá esos grupos de alimentos progresivamente y reeducará a su organismo para tolerarlos con total normalidad.

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