Inflamación Alimentaria

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08 Feb

Psoriaris, una enfermedad propiamente inflamatoria

La psoriasis es uno de los problemas de piel más comunes en pacientes de todo el mundo.

A pesar de ello, todavía existe un gran desconocimiento popular sobre sus causas, síntomas y tratamientos. En este artículo intentaremos abordar algunas de las grandes incógnitas de esta patología. Si nos acompañas seguramente descubrirás muchas cosas que no sabías sobre ella.

¿Qué es?

Obviamente esta es la primera pregunta que nos viene a la mente, incluso para aquellos que han padecido o padecen esta enfermedad. Independientemente del enfoque conceptual que se le pueda dar a este trastorno en diferentes regiones del planeta, se trata de una enfermedad de la piel. Comúnmente son las rodillas, los codos, la espalda, la cara, los pies, las manos y el cuero cabelludo los sitios donde se manifiesta la misma. Sin embargo, como afección de la piel, el órgano humano más extenso, puede aparecer en cualquier parte del cuerpo. Analicemos entonces cuáles son sus causas y sintomatología. 

Causas y síntomas

Tanto la semiótica como las causas de este padecimiento pueden ser variables y la práctica así lo corrobora. En los casos más leves suele producirse irritación en el área de la piel más afectada, sin la presencia de dolor o ardor. Mientras que en los casos más graves la irritación, acompañada por una especie de escamas plateadas o placas, puede desencadenar dolor, ardor o picor. Es muy común también que la piel se reseque más de lo habitual, lo cual en algunos casos hace que se fracture y comience a sangrar. Cuando la zona de lesiones está próxima a las articulaciones, estas pueden verse afectadas en gran medida, acentuándose su dolor e impidiendo su movilidad debido a la inflamación. Esto último sucede porque el paciente presenta artritis psoriásica.

A diferencia de los síntomas, que están debidamente definidos, las causas de esta enfermedad son mucho más variadas. El consenso internacional de los especialistas apunta a una enfermedad crónica del sistema inmunológico. Explicado a grosso modo por una aceleración desmedida del proceso de recambio celular. O sea, las células de la piel que crecen en las zonas más bajas de la epidermis avanzan hasta las zonas externas a una velocidad anómala. De manera tal que un proceso que debe tardar en torno a 3 semanas, debido a este trastorno ocurre en un lapso de tiempo de algo más de tres días.

Un paciente con psoriasis puede convivir con la enfermedad durante un largo período de tiempo, incluso toda la vida. Es muy frecuente que durante algunas etapas del año los síntomas se agudicen y se produzca lo que muchos denominan como "estar en crisis". Algunos factores se pueden convertir en desencadenantes de estas situaciones de agravamiento, tal es el caso de las infecciones, medicamentos, estrés, piel reseca y algunos alimentos. Este último caso lo analizaremos detalladamente más adelante.

Tipos

Aun cuando estemos siempre en presencia de la misma enfermedad, la manera clínica en que se muestra permite clasificarla atendiendo a ciertos elementos. ¡Conozcamos cómo se clasifica!

Según el tipo de lesión que produzca puede definirse como: "en placa", eritrodérmica, pustulosa y "en gota":

  • “En placa”: se dice que la afección aparece "en placa" cuando las lesiones se observan como si fuesen parches en la piel, con un contorno bien delimitado y con zonas de color blanquecino, es la más común de todas.
  • Eritrodérmica: aquella en la que se produce una sensación de ardor muy fuerte y la piel en su conjunto se escama en forma de láminas, convirtiéndose en la más grave de todas y comúnmente precisa de un tratamiento hospitalario para su control.
  • Postulosa: cuando el pus hace presencia en la zona lesionada, lo cual puede indicar la presencia de infecciones, aun cuando generalmente ese pus solo contiene glóbulos blancos; es muy común su localización en las extremidades del cuerpo.
  • “En gota”: hace referencia a una forma bastante inusual de presentarse esta afección, en la que se desarrollan numerosas lesiones pequeñas y en forma de lágrimas, siendo más común su aparición en niños y adolescentes. Puede presentarse también tras una infección de garganta.

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En cuanto al tamaño de la zona afectada, la enfermedad puede denominarse como leve, moderada o grave. Se establece la clasificación de leve cuando el área de la lesión es inferior al 2 % de la superficie total de la piel. Mientras que, cuando excede ese umbral pero aún está por debajo de un 10 % se define como moderada. Para los casos en que el área afectada supera ese valor entonces estamos en presencia de una manifestación grave de la enfermedad. Algunos especialistas también suelen usar la clasificación de "zonas difíciles de tratar", para referirse a los casos en los que la enfermedad produce lesiones en áreas extremadamente complicadas del cuerpo, tal es el caso de las palmas de las manos o las plantas de los pies. Esto dificulta tanto el agarrar objetos como el andar. 

Tratamiento

Un tratamiento eficaz dependerá de varios factores: la intensidad de la enfermedad, sus causas o la respuesta del organismo, entre otros tantos. Es por ello que nuestra recomendación es acudir al médico en busca de un diagnóstico especializado y la ayuda terapéutica necesaria. Frecuentemente el tratamiento incluirá cremas tópicas que se aplican directamente sobre las zonas de lesiones. En otros casos, donde la enfermedad se manifiesta más agresiva, es posible que sea necesaria la aplicación de fármacos inmuno moduladores e incluso recientemente, biológicos que consigan interrumpir la aceleración del proceso de recambio celular. 

La alimentación y su relación con esta enfermedad

Cuando exponíamos los posibles catalizadores de crisis en pacientes que presentan esta enfermedad os adelantábamos que los alimentos que ingerimos pueden ser uno de ellos.

Existe una estrecha relación entre la alimentación y el acaecer de este trastorno. En tal sentido existen dos vertientes del mismo problema, las cuales analizamos a continuación. 

En primer lugar, se ha determinado mediante numerosos estudios que la alimentación tiene un papel importante en el control de esta enfermedad. Las personas que la padecen tienen mayor exigencia de antioxidantes en su organismo, para poder combatir los efectos que le ocurren en la piel. Ciertos alimentos tienen propiedades antioxidantes y son estos los que favorecen al organismo. Por otra parte, las estadísticas indican que al menos el 75 % de los pacientes diagnosticados con esta afección tienen factores de riegos de origen cardiovascular. Una buena parte de ellos corresponden a la hipertensión y la obesidad, por lo que una dieta saludable puede desencadenar, sin duda alguna, efectos positivos en el control de esta enfermedad. 

La segunda es que la psoriasis también se puede observar como un síntoma dermatológico de la inflamación alimentaria, aunque no es tan frecuente como la urticaria, el acné o el eczema. No significa que la inflamación sea la causante de la psoriasis pero sí que es cierto que puede afectarla notablemente. La inflamación por alimentos y las molestias derivadas de la misma es el proceso mediante el cual nuestro organismo lanza las señales de que hemos superado nuestro nivel de aceptación a uno o varios grupos de alimentos. A diferencia de la intolerancia o la alergia alimentaria, esto no significa que nunca más se puedan ingerir estos alimentos, sino que ha de recuperarse la correcta asimilación de los mismos para que el cuerpo no reacciones negativamente. Para conocer cuáles son los grupos de alimentos que producen inflamación alimentaria es necesario someterse al test de inflamación alimentaria Biomarkers. Una manera sencilla y segura de lograr un diagnóstico así como unas pautas para recuperar el bienestar sin tener que renunciar a ningún alimento ni tomar medicación.

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