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sindrome de sjogren
21 May

Síndrome de Sjogren: un proceso crónico complejo

Podemos definir al síndrome de Sjogren como una enfermedad autoinmune, es decir, un proceso en el que el sistema inmunitario ataca a su propio organismo por error.

Los síntomas se presentan de forma diferente en cada caso. De ese modo, el cuerpo agrede a aquellas glándulas encargadas de producir la saliva y las lágrimas, lo que produce sequedad en ojos y boca. Como resultado, otras partes del cuerpo se verán afectadas del mismo modo: la garganta, la nariz y la piel. Sin embargo, eso no es todo, pues la enfermedad de Sjogren puede repercutir negativamente en otras áreas del cuerpo, como son los vasos sanguíneos, riñones, articulaciones, pulmones, nervios y órganos digestivos. 

¿Quiénes son los principales afectados? 

La mayoría de los casos afectados por el síndrome de Sjogren pertenecen a mujeres. Suele manifestarse una vez cumplidos los 40 años y en ocasiones puede estar relacionado con otras enfermedades como son el lupus o la artritis reumatoide. En este tipo de enfermedad, el sistema inmunitario encargado de defendernos ante cualquier intruso o ataque procedente del exterior es el mismo que ataca a su organismo, dando lugar a los llamados "autoanticuerpos". Como ya hemos dicho, puede acarrear daños a las glándulas salivales y lacrimales, aunque los médicos se refieren también a ella como una enfermedad sistémica al poder dañar otros órganos del cuerpo. 

¿Estamos hablando de una enfermedad de progresión lenta o rápida? 

No todos los síntomas se presentan igual en todas las personas, así que no siempre resulta fácil de diagnosticar. A la hora de valorar si un paciente tiene o no el síndrome de Sjogren es conveniente analizar todas las manifestaciones de manera individual por distintos especialistas. En ningún caso han de ser evaluadas en conjunto como si formaran parte de la misma enfermedad. Dicho esto, hay que decir que estamos ante una enfermedad crónica que va progresando muy lentamente en el tiempo. De hecho, puede existir un período muy largo, estamos hablando de años, desde que los síntomas comienzan a manifestarse en la persona hasta que se lleva a cabo el diagnóstico de la enfermedad. 

Causas de la patología

Este síndrome tiene dos formas de manifestarse: primaria y secundaria.

Causas que explican su aparición en su forma primaria 

La primeria se refiere a las glándulas exocrinas (fabrican sudor, saliva, lágrimas, etcétera) que quedan dañadas por un proceso autoinmune. Funciona de la siguiente manera, el cuerpo genera sustancias que atacan a las células, produciendo su inflamación. Entre sus causas puede existir una predisposición genética (no confundirse con enfermedades hereditarias) o al menos ser susceptible de sufrir la enfermedad. Y es que este síndrome puede ser provocado por diversos genes, al menos pueden ser los responsables de una predisposición, como los genes HLA-DR3 relacionados con la raza caucásica o los TAP1 y TAP2. También puede suceder que alguna toxina o virus procedente del exterior tome cartas en el asunto, así que resulta bastante complicado establecer un patrón o causa que explique su aparición. Estamos hablando de un fenómeno muy complejo donde pueden interaccionar diversos elementos: genes, células del sistema inmunológico, factores externos y otras sustancias que contribuyen a la inflamación. 

Causas que explican su aparición en su forma secundaria 

En su forma secundaria, el síndrome de Sjogren está asociado con enfermedades sistémicas, siendo la artritis reumatoide, la esclerodermia y el lupus las enfermedades en las que suele aparecer con más frecuencia. Por otro lado también encontramos el llamado síndrome de Sjogren-like, relacionado con aquellos pacientes que padecen el virus de la hepatitis C o la infección del VIH. Tanto igual sucede con la enfermedad celiaca, cuyo grado de asociación es mayor con respecto al resto de la población. 

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Síntomas para reconocer la enfermedad 

Los síntomas pueden variar significativamente de un paciente a otro. Cada persona puede padecerlo de manera diferente. Lo que hay que hacer es tratar cada caso de forma individual, haciendo lo posible para prevenir, reducir o aliviar sus efectos. 

  • Sequedad de la boca. Es uno de sus síntomas principales pues la enfermedad hace que el organismo genere menos cantidad de saliva, cuya presencia es imprescindible para hablar, masticar y tragar. Del mismo modo, este síntoma puede perjudicar el sentido del gusto e incluso ser un lastre a la hora de combatir infecciones en el proceso interno de la boca (no hay que olvidar que la saliva posee sustancias antibacterianas y anti fúngicas). 
  • Sequedad de los ojos. Es otro síntoma común. El resultado son ojos secos y arenosos que pueden enrojecerse y producir una mayor sensibilidad a la luz. Pero además pueden aparecer úlceras en la córnea y tener la sensación de que arden. 
  • Hinchazón de las glándulas salivales. Dispuestas en la parte de las mejillas (frente a los oídos), la mandíbula y bajo la lengua. Si bien estas tres clases de glándulas no solo pueden verse hinchadas sino hacerse sensibles al tacto. 
  • Sequedad vaginal. En algunas mujeres puede producirse sequedad vaginal, lo que puede contribuir a que las relaciones sexuales sean molestas e incluso dolorosas. 
  • Fatiga. Causa-efecto de la enfermedad de Sjogren. Y es que puede generarse por la propia enfermedad o ser el resultado de un agotamiento emocional fruto del estrés al sufrir una enfermedad crónica. 
  • Otros síntomas. Articulaciones hinchadas y doloridas, piel seca, adormecimiento, músculos debilitados, nódulos linfáticos inflamados, enfermedades renales y lesiones en los nervios. 

Cómo diagnosticarla 

Como ya hemos dicho anteriormente, su diagnóstico puede resultar difícil. La sintomatología del síndrome de Sjogren no es igual en todos los pacientes, además, algunos de sus síntomas pueden ser similares a los causados por otras enfermedades. Lo mejor para descartar la enfermedad es realizar diferentes pruebas practicadas por diferentes especialistas para obtener un diagnóstico óptimo. 

  • Resulta conveniente hacer análisis de sangre para determinar posibles problemas renales o hepáticos, trastornos inflamatorios y la presencia de ciertas células sanguíneas y anticuerpos. 
  • Los exámenes oculares son tremendamente necesarios para medir la producción de las lágrimas y determinar si existe algún daño en la córnea. 
  • También se recomienda la realización de diversas pruebas por imágenes para comprobar el estado de las glándulas salivales a través de sialogramas y centellografías. 
  • El médico puede practicar una biopsia del labio para ver si existen células inflamatorias. Para ello hay que extraer tejido de las glándulas y examinarlo en el microscopio. 
  • A la hora de determinar su diagnóstico es necesario que el médico practique la historia clínica detallada del paciente e incluso hacer un examen físico exhaustivo. 

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Principales tratamientos paliativos 

En realidad no existe ningún tratamiento que acabe con la enfermedad, en su lugar existen prácticas paliativas utilizadas para aliviar o minimizar los síntomas. 

  • En primer lugar hay una serie de medicamentos eficaces para: incrementar la producción de saliva, disminuir la inflamación, inhibir el sistema inmunitario o tratar síntomas específicos como la artritis
  • Con la cirugía se consigue aliviar los síntomas de los ojos secos. ¿Cómo? Utilizando silicona o colágeno para cerrar los conductos lagrimales encargados de drenar las lágrimas. 
  • Existen diferentes remedios caseros y prácticos relacionados con el cuidado personal: lágrimas artificiales, no fumar, aumentar el consumo de líquidos, fomentar la salivación con caramelos o chicles, aerosoles nasales, enjuagues bucales antimicrobianos, cepillarse los dientes tras cada comida, evitar el agua caliente, etcétera.

Como ya hemos adelantado los trastornos inflamatorios están estrechamente relacionados con esta enfermedad. Se ha demostrado que la inflamación alimentaria es uno de ellos pero la acción negativa que esta puede provocar sobre el síndrome es fácilmente corregible. Para ello lo primero es diagnosticar el nivel de inflamación del paciente así como los grupos alimenticios que están provocándola. Esto solo es posible mediante el Test de Inflamación Alimentaria Biomarkers. Una vez que el test ha sido analizado y aconsejada la alimentación adecuada el paciente puede volver a asimilar normalmente todos los alimentos sin que estos le afecten al síndrome encontrando su perfil alimentario ideal.

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